
Recordemos que sangrar un vino significa dejar escurrir sus primeros jugos, digamos hasta un 30% como mucho, para que de esta manera el 100% de los sólidos (hollejos de la uva) se macere con el 70% del mosto, y así lograr un jugo más concentrado. Y si bien no hay nada malo en esta técnica para elaborar los grandes tintos argentinos, claramente el más desfavorecido es el rosado. Porque el vino resultante es uno con mucho cuerpo y estructura (léase alcohol) para su categoría. Es decir, casi todo lo contrario de lo que se espera de un ejemplar de este tipo. Por suerte, cada vez son más los rosados que nacen en la viña, lo que significa que la uva se piensa para elaborarlos con sus atributos únicos: gracia, frescura y carácter de frutas rojas frescas.
Obviamente, para esto hay que cosechar mucho antes de que el azúcar sugiera un alcohol potencial de 14º o más. De esta manera, se obtienen vinos más frugales, con fragancias directas pero nítidas, un paso por boca refrescante, tal como el de los blancos pero, a su vez, con el toque de gracia final que le da la maceración corta, y colores únicos que van desde el pálido piel de cebolla hasta un rojo rubí tan intenso como brillante.
Si hablamos de variedades aptas, hay que reconocer que de las que tenemos en la Argentina, el Malbec se impone, al igual que el Syrah; no así, el Merlot ni el Cabernet Sauvignon, que algunos utilizan. El Pinot Noir es otra de las elegidas, pero por su escasez y exclusividad se emplea más para espumantes.
En materia de estilos, un rosado no debe ser complejo, sino directo; no debe ser complicado, sino simple; no debe ser estructurado ni potente, sino suave y refrescante. Lamentablemente, muchos abusan del azúcar residual para esconder aristas y hacer de su final de boca (el gustito que queda luego de cada trago) algo más envuelto. Pero esto, que tiene un buen impacto, se diluye con velocidad y desenmascara la madurez y los desequilibrios. La solución, como siempre, es hacer las cosas bien, lo que implica una planificación desde el viñedo. Sólo así el rosado encontrará su lugar entre las preferencias, porque dejando de lado los mitos basados puramente en la ignorancia, como que el mejor rosado es un tinto ligero o que un rosado no es ni un blanco ni un tinto y que, por su color y características, es el preferido de mujeres y homosexuales (una verdadera aberración), este vino rosado es en muchas ocasiones la mejor opción, sobre todo en esta época del año en la que el sol empieza a calentar los ánimos y renace la necesidad de refrescarse.
Es evidente también que tiene sus mejores partenaires a la hora de sentarse a la mesa. No por nada el maridaje entre rosado y paella es de los universalmente reconocidos. También como alternativa a vinos blancos para algunos pescados, sobre todo los de río preparados a las brasas por ser los más intensos y bastante grasos. Y si de parrilla se trata, no hay que olvidarse que para las achuras (chorizos, morcillas, chinchulines, riñones y hasta mollejas) un buen rosado es la mejor alternativa.
Ojalá algún día se pueda imponer como moda disfrutar de los rosados del año antes de que termine el verano, algo parecido a lo que lograron los franceses de la apelación Beaujolais con su vino nouveau, un suceso mundial que permite que antes de fin de año se agoten los vinos lanzados el tercer jueves de noviembre. Sin dudas, un gran éxito de marketing ya que, hoy por hoy, dicha denominación de origen es la tercera más famosa del mundo, pero la clave del éxito no está en la estrategia, sino en el producto.
Fuente: Descorchados - Fabricio Portelli WG
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Vinos ordenados por puntaje
84 puntos Melipal Rosé Malbec 2009 Melipal - Mendoza
84 puntos Foster Pink Malbec Rosé Malbec 2009 Enrique Foster - Mendoza
83 puntos Rosé de Atamisque Malbec 2008 Atamisque - Mendoza
82 puntos Alta Vista Rosé Malbec 2009 Alta Vista - Mendoza
82 puntos Festivo Rosé 2007 Monteviejo - Mendoza
82 puntos Jean Rivier Rosé Malbec 2008 Jean Rivier - Mendoza
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